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San Alfonso y la Espiritualiad Redentorista

Por P. Miguel A. García, C.Ss.R.

A. Alfonso María de Ligorio

Alfonso María de Ligorio, cuya fiesta celebramos el 1 de agosto, fue un hombre que supo ponerse al servicio de los hombres y mujeres de su tiempo. Ni las tertulias ni los “jolgorios” de las familias ricas le llenaban. Alfonso buscaba algo que le diera más sentido a su vida.

Un día, mientras Alfonso meditaba el texto bíblico de Isaías 61,1-9, él se sintió tocado por Dios. La Palabra de Dios le daba la respuesta a lo que él tanto buscaba. Era a él que el Espíritu le llamaba y lo enviaba a los más pobres de su entorno. Aunque fue duramente criticado por todos y hasta le llamaron “loco”, Alfonso, en contra de la voluntad de todos, respondió con fidelidad y generosidad a la llamada de Dios.

Como sacerdote, Alfonso rechazó las oportunidades que le ofrecieron de trabajar en las parroquias más ricas y en los palacios de los nobles. Prefirió dedicar todas sus energías a evangelizar a las personas que vivían en los cerros y zonas rurales de Nápoles. Fue en su compartir con esta gente humilde y sencilla que Alfonso descubrió que la cosecha era verdaderamente grande y los obreros eran muy pocos.

Por esta razón Alfonso fundó la congregación de los misioneros redentoristas en el 1732. La idea era congregar a un grupo de hombres que quisieran consagrar sus vidas para predicar la Buena Nueva a los más pobres y necesitados. . . . Hoy la iglesia nos invita a ser como Alfonso: ser hombres y mujeres de oración; hombres y mujeres que nos dejemos impactar por el Espíritu de Dios; que vivamos comprometidos con la Abundante Redención que Dios gratuitamente ofrece a los hombres y mujeres de hoy; y que trabajemos incansablemente por el Reino.

B. Algo de Trasfondo histórico:

Hay que recordar que Alfonso vivió (1696-1787) en el siglo de las luces. Es el siglo de los descubrimientos científicos; el siglo que impulsó la educación y quiso racionalizarlo todo. Los intelectuales comenzaron a juzgar los sentimientos del pueblo como algo ridículo. Por eso Alfonso enfrentó ese racionalismo con la afectividad de su doctrina, que a algunos pudiera parecer demasiado melosa. Frente a una corriente que quería suprimir tantas devocioncillas, Alfonso prefirió seguir la línea del corazón y hablar incansablemente del amor de un Dios que merece ser amado. La época de Alfonso era de un devocionismo exagerado y hasta grosero. La gente pensante atacaba todo esto como superstición. La misma espiritualidad de Alfonso está marcada por devociones, rezos y afectos. ESTO hay que entenderlo dentro del contexto en que él vivió.

El siglo XVIII también fue la época del jansenismo. Los jansenistas eran creyentes ilustrados, practicantes fervorosos, estudiosos de la Biblia y de los santos padres, exigentes en la doctrina e intransigentes en la moral. Por eso despreciaban a los fieles en general, la gente del pueblo, porque los consideraban ignorantes y poco consecuentes en su vida cristiana. Fueron ellos quienes inclinaron la Iglesia oficial y la enseñanza en los seminarios hacia la doctrina estricta. Se puso de moda el ser rigorista.

Alfonso tomó una postura dura contra el jansenismo. El Cristo de Alfonso (con brazos abiertos, llagado y desangrado) no es el Salvador de una elite sino el Salvador universal, pues en El hay abundante redención para todos y todas.

C. La Espiritualidad en sí:

En el pasado se nos hablaba de espiritualidad como la búsqueda de la perfección personal; la búsqueda de mi santidad. Y la santidad se centraba en la observancia de unas prácticas que habíamos heredado. Si yo hacía muchas acciones piadosas, entonces yo era “espiritual”. Entre más tiempo pasaba en la iglesia y rezando, mayor era mi espiritualidad. El enfoque no se solía poner en la persona de Jesús y la vida que el Espíritu Santo nos lleva a vivir a partir del seguimiento a Jesús.

Hablar de espiritualidad hoy es hablar de nuestra manera de vivir como cristianos y como religiosos. La espiritualidad está fundamentada en una experiencia trinitaria de Dios que nos llama a responder con un estilo de vida muy concreto. Este estilo de vida es guiado por el Espíritu Santo. Los primeros redentoristas no tuvieron un librito que le dijera cómo vivir su espiritualidad. La espiritualidad redentorista se fue plasmando con el pasar del tiempo, y surgió de la misma misión. Es desde la vivencia de la espiritualidad que la misión y la vida personal y comunitaria nuestra serán o no serán un signo de esperanza ante el mundo de hoy.

Para que nuestra espiritualidad sea redentorista, primero tiene que ser cristiana –o sea, centrada en la Persona de Jesús y con el empuje del Espíritu Santo. Algunos elementos esenciales de la espiritualidad redentorista son: vida en comunidad, misión realizada a través de la comunidad, cercanía y compasión para con todos, amor e identificación con los más pobres y abandonados. Esencial en la espiritualidad redentorista son el pesebre, la cruz y la eucaristía.

Según la Constitución 20 las tres fuentes que nutren nuestra espiritualidad son la Palabra de Dios, el Libro de la Vida (la historia y la realidad presente) y el Libro de las Constituciones y Estatutos.

La espiritualidad hará posible la transformación de nuestro estilo de vida y nuestra manera de trabajar con la gente. Cuando falta la espiritualidad, entonces vivimos en la superficialidad y en la mediocridad. En la espiritualidad está en juego nuestra propia identidad. Nos hemos de plantear: ¿es nuestra espiritualidad signo de contradicción para la sociedad en que vivimos?

Preguntas y comentarios al autor: magarcia@coqui.net

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Fecha de Actualización:

Thursday, 27 de July de 2006 03:25:37 PM

 

P. Miguel García, C.Ss.R.

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Hno. Mateo Pérez, C.Ss.R.