Alfonso María de Ligorio, cuya fiesta celebramos el 1 de agosto, fue
un hombre que supo ponerse al servicio de los hombres y mujeres de
su tiempo. Ni las tertulias ni los “jolgorios” de las familias ricas
le llenaban. Alfonso buscaba algo que le diera más sentido a su
vida.
Un día, mientras Alfonso meditaba el texto bíblico de Isaías 61,1-9,
él se sintió tocado por Dios. La Palabra de Dios le daba la
respuesta a lo que él tanto buscaba. Era a él que el Espíritu le
llamaba y lo enviaba a los más pobres de su entorno. Aunque fue
duramente criticado por todos y hasta le llamaron “loco”, Alfonso,
en contra de la voluntad de todos, respondió con fidelidad y
generosidad a la llamada de Dios.
Como sacerdote, Alfonso rechazó las oportunidades que le ofrecieron
de trabajar en las parroquias más ricas y en los palacios de los
nobles. Prefirió dedicar todas sus energías a evangelizar a las
personas que vivían en los cerros y zonas rurales de Nápoles. Fue en
su compartir con esta gente humilde y sencilla que Alfonso descubrió
que la cosecha era verdaderamente grande y los obreros eran muy
pocos.
Por esta razón Alfonso fundó la congregación de los misioneros
redentoristas en el 1732. La idea era congregar a un grupo de
hombres que quisieran consagrar sus vidas para predicar la Buena
Nueva a los más pobres y necesitados. . . . Hoy la iglesia nos
invita a ser como Alfonso: ser hombres y mujeres de oración; hombres
y mujeres que nos dejemos impactar por el Espíritu de Dios; que
vivamos comprometidos con la Abundante Redención que Dios
gratuitamente ofrece a los hombres y mujeres de hoy; y que
trabajemos incansablemente por el Reino.
B. Algo de Trasfondo histórico:
Hay que recordar que Alfonso vivió (1696-1787) en el siglo de las
luces. Es el siglo de los descubrimientos científicos; el siglo
que impulsó la educación y quiso racionalizarlo todo. Los
intelectuales comenzaron a juzgar los sentimientos del pueblo como
algo ridículo. Por eso Alfonso enfrentó ese racionalismo con la
afectividad de su doctrina, que a algunos pudiera parecer demasiado
melosa. Frente a una corriente que quería suprimir tantas
devocioncillas, Alfonso prefirió seguir la línea del corazón y
hablar incansablemente del amor de un Dios que merece ser amado. La
época de Alfonso era de un devocionismo exagerado y hasta grosero.
La gente pensante atacaba todo esto como superstición. La misma
espiritualidad de Alfonso está marcada por devociones, rezos y
afectos. ESTO hay que entenderlo dentro del contexto en que él
vivió.
El siglo XVIII también fue la época del jansenismo. Los
jansenistas eran creyentes ilustrados, practicantes fervorosos,
estudiosos de la Biblia y de los santos padres, exigentes en la
doctrina e intransigentes en la moral. Por eso despreciaban a los
fieles en general, la gente del pueblo, porque los consideraban
ignorantes y poco consecuentes en su vida cristiana. Fueron ellos
quienes inclinaron la Iglesia oficial y la enseñanza en los
seminarios hacia la doctrina estricta. Se puso de moda el ser
rigorista.
Alfonso tomó una postura dura contra el jansenismo. El Cristo de
Alfonso (con brazos abiertos, llagado y desangrado) no es el
Salvador de una elite sino el Salvador universal, pues en El hay
abundante redención para todos y todas.
C. La Espiritualidad en sí:
En el pasado se nos hablaba de espiritualidad como la búsqueda de la
perfección personal; la búsqueda de mi santidad. Y la
santidad se centraba en la observancia de unas prácticas que
habíamos heredado. Si yo hacía muchas acciones piadosas, entonces yo
era “espiritual”. Entre más tiempo pasaba en la iglesia y rezando,
mayor era mi espiritualidad. El enfoque no se solía poner en la
persona de Jesús y la vida que el Espíritu Santo nos lleva a vivir a
partir del seguimiento a Jesús.
Hablar de espiritualidad hoy es hablar de nuestra manera de vivir
como cristianos y como religiosos. La espiritualidad está
fundamentada en una experiencia trinitaria de Dios que nos llama a
responder con un estilo de vida muy concreto. Este estilo de vida es
guiado por el Espíritu Santo. Los primeros redentoristas no tuvieron
un librito que le dijera cómo vivir su espiritualidad. La
espiritualidad redentorista se fue plasmando con el pasar del
tiempo, y surgió de la misma misión. Es desde la vivencia de la
espiritualidad que la misión y la vida personal y comunitaria
nuestra serán o no serán un signo de esperanza ante el mundo
de hoy.
Para que nuestra espiritualidad sea redentorista, primero tiene que
ser cristiana –o sea, centrada en la Persona de Jesús y con el
empuje del Espíritu Santo. Algunos elementos esenciales de la
espiritualidad redentorista son: vida en comunidad, misión realizada
a través de la comunidad, cercanía y compasión para con todos, amor
e identificación con los más pobres y abandonados. Esencial en la
espiritualidad redentorista son el pesebre, la cruz y la
eucaristía.
Según la Constitución 20 las tres fuentes que nutren nuestra
espiritualidad son la Palabra de Dios, el Libro de la Vida (la
historia y la realidad presente) y el Libro de las Constituciones y
Estatutos.
La espiritualidad hará posible la transformación de nuestro estilo
de vida y nuestra manera de trabajar con la gente. Cuando falta la
espiritualidad, entonces vivimos en la superficialidad y en la
mediocridad. En la espiritualidad está en juego nuestra propia
identidad. Nos hemos de plantear: ¿es nuestra espiritualidad
signo de contradicción para la sociedad en que vivimos?