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Un sueño hecho realidad: Casa Cristo
Redentor
Por: P.
Tomás Travers C.Ss.R
Suplemento
para el
Periódico Católico El Visitante,
40
Aniversario de Casa Cristo Redentor,
Septiembre 2007
(Descargue
el Suplemento para el Periódico El
Visitante. Formato en pdf)
Allá para el año 1964,
consciente de la gran urgencia pastoral, el
entonces Vice Provincial, P. Roberto Feeley
C.Ss.R, junto a su Consejo, hicieron de un
sueño una realidad. Eran los años durante y
después del Concilio Vaticano II, años de
muchos y profundos cambios en la Iglesia.
Casa Cristo Redentor comenzó como una
respuesta generosa de los misioneros
redentoristas a una gran urgencia pastoral
que vivía Puerto Rico en aquel momento.
El primer paso que dio el
P. Roberto y su consejo fue nombrar un
comité (P. Patricio Kelly, P. Pablo Oslovich
y P. Miguel Rodríguez) para buscar y evaluar
algún lugar idóneo para establecer una Casa
de Retiros. De unas diez posibles
propiedades, ellos seleccionaron tres.
Pero al mismo tiempo Dios
hacía su selección. De repente el P. Roberto
supo de una propiedad en Aguas Buenas (el
Hotel Jagüeyes). Para el P. Roberto y su
consejo la propiedad era como un regalo de
Dios. Era exactamente lo que ellos buscaban:
una propiedad en un campo bello, religioso y
con edificios adecuados.
De prisa fueron a ver a
los dueños, la familia Cobián, de Fajardo.
Después de un diálogo amigable los
redentoristas compraron la finca. La
intervención de Dios hacía el sueño una
realidad. El nuevo proyecto,
Casa Cristo
Redentor, sería un oasis
espiritual donde todos se sentirían acogidos
y vivirían la experiencia de la Abundante
Redención.
Se buscó la ayuda técnica
y manual del P. Tomás Forrest, párroco de
Fajardo, quien había tenido mucha
experiencia en la construcción de capillas
en Puerto Rico y en la República Dominicana.
En muy poco tiempo la primera comunidad
redentorista (P. Jaime Freeman, P. Jorge
Dorn y P. Jorge Drew) comenzó a dar retiros.
La nueva Diócesis de Caguas también por
varios años hizo uso de nuestra Casa para
sus Cursillos de Cristiandad. El nuevo
proyecto fue todo un éxito. Mucha gente
salía de Casa Cristo Redentor convencidos
del llamado que Dios le hacía a ser
verdaderos discípulos de su Hijo Jesús. La
presencia de un joven sacerdote
redentorista, P. Rafael Torres C.Ss.R. (P.
Felo), Casa Cristo Redentor tomó un nuevo
giro: retiros que transformaban la vida de
los jóvenes. Casa Cristo Redentor también
abrió sus puertas y su corazón a la
Renovación Carismática, un nuevo movimiento
que surgía en la Iglesia.
Unos diez años más tarde,
la nueva comunidad redentorista (P. Gerardo
Brinkman, P. Damián Wall y P. Felipe
Andrews) vio la necesidad de ayudar a la
gente no solamente en su crecimiento
espiritual sino también en su crecimiento
humano. Por eso invitaron al Dr. Pedro
Durand, un siquiatra de renombre, a vivir
con ellos y formar parte de su equipo. Así
comenzaron los retiros de “Intimidad”,
retiros basados en el “Análisis
Transaccional” cuyo propósito era ayudar a
las personas a conocerse mejor para que
tomasen rienda de su propia vida.
Participaron en este equipo José “Papo”
Miranda, director del equipo, Dra. Carmen
Judy Nine Curt, Argeo y Dra. Ivette
Quiñones, Alberto y Norma Santos, Nydia
Hernández, María Lameira, Dr. Carlos y Ana
“Cusin” Key, “Cuqui” Martínez, Carlos
Cordero, Rev. Jorge y Reina Rivera, Dra.
Elizabeth Stuart, y otros. El equipo llegó a
tener casi 30 miembros.
Estos retiros de
“Intimidad” tuvieron gran aceptación entre
la gente. Cada mes había un retiro de
intimidad con más de 100 personas. Fue
también para este tiempo que comenzaron los
retiros de “Autoconocimiento”, basados en
los Tipos Psicológicos de Carl Jung, (con
los psicólogos Heyda Martínez, Nicolás
González, Lydia González y con P. Marcos
Wise, Hno. Mateo Pérez, Ricardo McLaughlin y
equipo). Los retiros de “Oración profunda”
(con la Dra. Hilda Bacó, Antonio Cabassa,
Ketty Mir, Teodosia Pagán. P. Tomás Deely)
también tuvieron su inicio para este
tiempo.
Años más tarde los padres
Alfredo Rodríguez, Tomás Travers y Luis
Borri iniciaron los retiros de los “Doce
Pasos” con la ayuda de los licenciados
Héctor y Nicky Latorre y su gran equipo.
También comenzaron los retiros de “Sanación
Interior” con la ayuda de Eva Valentín y su
equipo de Mayagüez y Ensenada. Dos veces al
año Casa Cristo también auspiciaba los
retiros de Autoestima con el P. Mateo
Andrés, SJ, de Santo Domingo.
El trabajo del P. Rafael
Torres, especialmente los retiros con los
jóvenes de nuestras parroquias y de los
colegios católicos, le dio un gran impulso a
Casa Cristo Redentor. Luego los retiros con
los jóvenes se realizaban con la ayuda de
“Junior Resto” y su equipo de Jagüeyes
Abajo, de Aguas Buenas. Nuestra Casa Cristo
Redentor siempre estuvo disponible para
otros grupos y apostolados como Encuentro
Matrimonial, Talleres dirigidos por la Dra.
Celinda Madera, Retiros del Diario Intensivo
por P. Tomás Travers y Talleres del Lic.
Marcos Ramírez, entre otros.
Casa Cristo Redentor
tiene una bella historia. Así como San
Alfonso respondió a las urgencias pastorales
de su tiempo a través de las misiones y
retiros, también nosotros, sus hijos, 235
años más tarde, hemos querido dar una
respuesta audaz y generosa. Lo que comenzó
como un sueño del P. Roberto y su consejo
hace 40 años ha crecido, gracias a la
generosidad de las comunidades redentoristas
y de los equipos de laicos y laicas. La
colaboración estrecha de tantos laicos y
laicas sigue siendo hoy un signo de
esperanza, y hace de este proyecto uno
encarnado en la vida del pueblo.
¡Qué Casa Cristo Redentor
siga abriendo sus puertas a las miles de
personas que pasan por aquí cada año para
que la Abundante Redención se derrame sobre
todas ellas!
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Casa Cristo Redentor, un lugar de Redención…
Una huella de Esperanza en el Corazón de
Puerto Rico
Por: P.
Rafael Torres, C.Ss.R.
“La vida te da
sorpresas…, sorpresas te da la vida…”
A primera vista esta referencia puede sonar
poco apta para describir un lugar de
espiritualidad misionera, como lo es
Casa Cristo Redentor.
Pero veamos un poco de la historia.
Si este lugar pudiese
hablarnos y narrar su historia, nos hablaría
de cómo la vida, el transcurso de los
acontecimientos que la han tocado, le han
dado muchas sorpresas y han cambiado no solo
su fisonomía sino su propio fin. Al igual
que Casa Cristo, si miramos nuestras propias
vidas vemos cómo la Palabra de Dios y la
acción misteriosa de Dios han llenado
nuestras vidas de sorpresas inimaginables.
La Casa Cristo Redentor
comienza para el año 1946 como lugar
apacible de descanso en el corazón de Puerto
Rico. Lugar que se hizo famoso por el clima.
El lema del Hotel Jagüeyes fue: “Hotel
Jagüeyes… donde junio es enero”. Acudían
allí no sólo las familias que podían costear
la estadía sino que eran homenajeados en
grandes banquetes los grandes señores que
visitaban nuestra isla empobrecida de los
años ’45. Recordamos la visita de uno de los
más poderosos hombres de ese tiempo, el
Presidente Harry S. Truman, quien hizo
estallar sobre Hiroshima (Japón) la bomba
atómica.
Si hoy visitamos Casa
Cristo, podríamos afirmar con la canción:
“la vida te da sorpresas… sorpresas te da la
vida…” Sí. La vida, a partir de la Palabra
del Maestro de las Bienaventuranzas, nos
trae grandes sorpresas. Los miles que hoy
suben a Casa Cristo, conducidos por el soplo
del Espíritu, no son los grandes de este
mundo. Tampoco en sus salas se celebran
grandes fiestas de escandalosos lujos, ni en
su casino se despilfarran fortunas que
claman al cielo por justicia.
La sorpresa es que la
Casa sigue acogiendo personas que allí suben
y… la brisa fresca y el canto del coquí
siguen deleitando a los que llegan “con
hambre y sed de una palabra de esperanza y
con un deseo de vivir la vida en comunión y
en plenitud”.
Casa Cristo sigue
acogiendo a Toñito, el minusválido. Niño
huérfano que emborrachaban en las barras y
le tiraban sobras al piso para que saciara
su hambre. La vida ha tenido sorpresas para
Toñito… las sorpresas del Reino (Mateo
25,30), la sorpresa de que los últimos serán
primeros, la sorpresa de María en su canto
de alabanza: “mi espíritu se alegra en Dios
mi Salvador, porque se ha dignado mirar a su
humilde esclava, pues el Todopoderoso ha
hecho en mí obras grandes” (Lucas 1,45-46)
Pero volvamos a la
historia de las sorpresas de Casa Cristo
Redentor. Con el paso de los años el
exclusivo Hotel se convirtió en un centro de
prostitución y de consumo de drogas. Los
vecinos de la comunidad cristiana vivían
humillados; se les había violado su
dignidad; el lugar se había convertido en
cueva de corruptos y ladrones. Aparentemente
nada podían hacer contra el dios del poder,
del tener y del placer.
Doña Amanda y Doña
Angelina, junto a las Cofradas del Perpetuo
Socorro, no se quedaron de brazos cruzados.
Levantaron su protesta ante las autoridades
y doblaron sus oraciones y peticiones a
Dios. Y el Señor, como siempre, supo hacerse
presente: “He visto la humillación de mi
pueblo y he escuchado sus súplicas” (Éxodo
3,7) La vida tuvo sorpresas para la
comunidad de Jagüeyes en el 1964, cuando los
misioneros redentoristas adquirieron la
propiedad para convertirla en un centro de
crecimiento humano y espiritual.
Muy pronto los Cursillos
de Cristiandad, los Retiros Matrimoniales,
los Encuentros de la Juventud Acción
Católica, Alcohólicos Anónimos, Talleres de
Jóvenes, los Retiros de Escuelas, los
Campamentos para jóvenes impedidos (CEJI),
el Campamento Betances, Retiros para
Confinados y sus Familias, supieron
responder a las necesidades de los más
pobres de Puerto Rico. Como la prostituta en
el evangelio, la Casa sintió la presencia
del Redentor y cambió su rumbo para siempre…
libre y liberadora se entregó a anunciar la
Abundante Redención.
¡Qué para la Casa Cristo
Redentor y para todos los que como tú y yo
entremos por sus puertas o participemos en
su misión, la Vida-la de Jesús, la de la
Abundante Redención- continúe llenando
nuestras vidas de muchas, muchas sorpresas…!
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Casa Cristo Redentor (CCR) y CEJI
Por: P.
Felipe Andrews, C.Ss.R
Suplemento para el
Periódico Católico El Visitante, 40
Aniversario de Casa Cristo Redentor,
Septiembre 2007
(Descargue
el Suplemento para el Periódico El
Visitante. Formato en pdf)
CEJI significa:
Campamento de
Esperanza para Jóvenes con
Impedimentos. CEJI era los
campamentos de verano en CCR para jóvenes de
16 a 25 años de edad de escasos recursos
económicos. Más que un campamento solamente
de actividades recreativas, CEJI era un
vehículo de aprendizaje cooperativo y
vocacional entre jóvenes con impedimentos
visibles y jóvenes con impedimentos
invisibles. Se formaron amistades y lazos de
apoyo mutuo para ser valientes frente a su
búsqueda ocupacional y vocacional. Se
lograron seis CEJIs (1984-1989) en CCR.
Muchos de los egresados de CEJI ha sido
exitosos en sus vidas. Sería una gran
bendición un día escuchar sus testimonios.
Para sostener CEJI, la Familia Redentorista
y muchas familias con personas de
impedimentos físicos, incorporamos la
Fundación Esperanza en febrero de 1984.
Como anécdota personal,
mi hermano Daniel se había quedado
paralizado por un accidente de tránsito en
agosto de 1983. Fui en octubre del mismo año
a la Escuela de SER de Puerto Rico (Sociedad
para la Educación y Rehabilitación de
Personas Lisiadas) para aprender más de las
realidades de las familias con personas de
limitación física. Me encontré con un joven
en silla de rueda, el Sr. Gabriel Barreto.
Me dijo que no había en Puerto Rico ningún
campamento para jóvenes como él. Gabriel me
decía: “Soy libre a la luz del sol y libre
ante los ojos de Dios, pero nunca pierdo la
esperanza de ser libre ante los ojos del
mundo. ¡Vamos a hacer un campamento aquí!”.
Hablamos de sus anhelos ocupacionales y
vocacionales. Me convenció del valor de
realizar un campamento vocacional para
jóvenes.
Así germinó el primer
CEJI. De hecho, se logró el primer
campamento del 2 al 13 de julio de 1984 en
CCR. Los 35 jóvenes, compañeros de Gabriel,
todos con sus impedimentos visibles,
intercambiaron con los 35 jóvenes de
impedimentos invisibles (complejos y
sentidos de inadecuacidad) por medio de
muchas destrezas y talentos. Del 2 hasta el
13 de julio estos setenta jóvenes,
acompañados por facilitadores y familiares,
vivieron una experiencia liberadora, gracias
al aprendizaje mutuo a base de las
limitaciones y capacidades personales. ¡Qué
bello ver a una joven en silla de rueda
invitar a un joven tímido y triste a
olvidarse de sus complejos y bailar con
ella! Para unos, la limitación fue física;
para otros, emocional; para todos, quizás
espiritual.
Si hay un motivo
fundamental por el cual los Misioneros
Redentoristas nos comprometimos con este
campamento vocacional se debió a la fuerza
de nuestro carisma de evangelizar a y ser
evangelizados por… por los pobres y más
abandonados.
Quiero reconocer no
solamente todas las personas que hicieron
posible este bello proyecto, sino también
pedirle al Todopoderoso para que nuestra
juventud no pierda la esperanza de seguir
buscando la razón de su vida, el sentido de
su ser (su vocación), a crecer como amigos y
amigas de la misión. En nombre de las
familias de personas con impedimento físico
(como la familia Andrews), agradezco a
tantas personas que participaron en CEJI.
Pido sus oraciones para que nuestra Familia
Redentorista crezca con jóvenes misioneros
audaces y laicos y laicas valientes para
servir a los pobres más abandonados. “Jesús,
movido por el Espíritu Santo, se estremeció
de alegría y dijo: Yo te bendigo, Padre,
porque has mostrado estas cosas a los
pequeñitos” (Lucas
10,21)
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