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La conversión NO es tener ideas bonitas y sublimes sobre Jesús;
ni sentir más entusiasmo por la religión o por la iglesia; ni
hacer penitencias o largas oraciones. Conversión implica una
ruptura, un romper con algo para tener más hambre y sed de
justicia; más hambre y sed del “shalom” de Dios y de esta manera
hacernos más solidarios con las personas que hoy más sufren. Una
ruptura con todo aquello que no me lleva a Dios. Es una decisión
de acoger los valores del Reino de Dios y vivirlos en mi vida.
NO es posible convertirnos a menos que tengamos un verdadero
encuentro con Dios. Toda conversión auténtica es un proceso
que nos lleva a ponernos en contacto con nuestra propia
humanidad.
Lo
que Jesús más fuerte atacó fueron las falsas apariencias, la
superficialidad, el engaño, la mentira y la hipocresía. Jesús no
toleraba a las personas con máscaras. El fue coherente y auténtico hasta
las últimas consecuencias y quiso que todos sus seguidores asumieran sus
propias limitaciones, y fueran solidarios y misericordiosos con todas
las personas que encontraran en el camino. Para El la religión por
religión no servía para nada. La religión era un medio
para vivir la misma vida de Dios, y en la medida que ésta entorpecía el
vivir esa vida, entonces esa religión había que rechazarla. La verdadera
religión es aquella que me lleva a ser solidario con los que hoy más
sufren para que su cruz sea más liviana. Y es eso lo que nosotros
queremos hacer en esta cuaresma 2006.
Algunas sugerencias para intensificar el proceso de conversión y así
vivir mejor la cuaresma:
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Caridad:
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Visitar enfermos en sus hogares y hospitales; a envejecientes y
presos, y compartir con ellos palabras de aliento y esperanza.
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Llevar algunos artículos de primera necesidad a una familia muy
necesitada. Invitar a misa (y también a los Vía Crucis) y proveer
transporte a alguna persona que no está bien de salud o vive lejos
de la iglesia.
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Compartir y ahorrar la energía mundial: caminar en vez de guiar por
algunos días y evitar viajes innecesarios. Reciclar las latas, los
plásticos, los periódicos y los vidrios.
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Ser consciente de las necesidades de los demás (soledad, tristeza,
depresión, ira, desesperación, vaciedad, odio, rencor, etc.) y
compartir con ellos. Hacerles sentir que ellos valen y que Dios les
ama.
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Si estás enojado con alguna persona, reconcíliate. Visita a alguna
persona o familiar que no has visto por mucho tiempo.
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Evita comentarios sin fundamentos; aléjate del chisme. Qué todas tus
palabras sean de aprecio y de bondad.
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Hacerte disponible para los que te necesitan. Participa de cualquier
marcha o actividad a favor de la vida.
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Penitencia:
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Ayunar una vez por semana: un desayuno liviano, una comida
fuerte y otra comida liviana. NADA entre comidas, excepto agua.
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No comer dulces ni ir al cine. Dar el dinero ahorrado a una
causa noble.
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No tome bebidas alcohólicas durante toda la cuaresma. No fume.
Da el dinero a una familia muy pobre.
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Limitar el tiempo que dedicas a la TV (novelas y programas de
poco valor). Dedicar ese tiempo extra a tu cónyuge y/o a tus
hijos. O a uno de los apostolados de la parroquia.
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No comer carne por lo menos una día en la semana. En vez de
comer bacalao o camarones, come vegetales, ensaladas o viandas
–sin carne o mariscos.
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Evitar desperdiciar tu tiempo en el internet. Usar correctamente
este medio.
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Acércate a las personas marginadas y comparte una palabra
agradable; hazle sentir que es tu hermano.
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Oración:
1. Participa semanalmente en algún diálogo o Encuentros
Bíblicos en tu calle o vecindario.
2.
Haz el Vía Crucis en tu hogar, con tu familia, una vez en semana.
Planifica participar en uno o dos Vía Crucis en tu sector durante la
cuaresma.
3.
Participar en el Retiro Parroquial. Participar en una de las tres
misiones a realizarse en la parroquia.
4.
Dedica 10-15 minutos diarios a la oración en familia.
5.
Participa con tu familia en la eucaristía dominical.
6.
Lee en familia unos versículos de la Biblia todos los días.
Recomendamos que lea pausadamente los 4 Cánticos del Siervo Sufriente:
Isaías 42,1-9; 49,1-6; 50,4-9; 52,13 hasta 53,1-12.
7.
Si te es posible, participa en una de las celebraciones
eucarísticas de la semana. |